El 31 de enero de 1983, Modesta Valenti se encontró enferma en la estación de Termini de Roma donde dormía. El equipo de emergencias se negó a subirla a la ambulancia porque, debido a las duras condiciones en las que vivía, estaba sucia y tenía piojos. Modesta era una mujer anciana y murió tras horas de agonía, esperando un auxilio que nunca llegó. Su muerte parece concentrar todo el sufrimiento y las injusticias de tantas personas sin hogar que, aún hoy, mueren a causa del frío, la enfermedad o la violencia. Bien podría decirse que son mártires de la indiferencia y aún peor, del creciente rechazo y antipatía hacia los pobres.
La Comunidad de Sant’Egidio conoció personalmente a Modesta, acompañó su funeral y decidió mantener viva su memoria como una llamada permanente a la conciencia. En vida, Modesta nunca imaginó hasta qué punto su historia marcaría la relación de la Comunidad de Sant’Egidio con las personas que viven en la calle. Día a día trabajamos para que tragedias como la de Modesta nunca vuelvan a repetirse.




La indignación por la muerte de Modesta y la de tantos otros, se transforma en un compromiso concreto de cercanía, orientación, alimento y amistad, a través de nuestro servicio «Amigos en la Calle«, que semanalmente visita distintos puntos del centro de Madrid para llevar la cena caliente, mantas y ropa de abrigo, y más importante, una presencia fiel que rompe la soledad, devuelve la dignidad y construye espacios de humanidad en la ciudad.
Al cumplirse 43 años de la muerte de Modesta Valenti, la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid recuerda un año más los nombres y las historias de tantas personas que han fallecido a causa de la dureza de la vida en la calle, verdaderos mártires de la indiferencia y del abandono.
Junto a muchos amigos de la calle que acuden a recordar a quienes ya no están, nos congregaremos el próximo22 de febrero a las 12:00 en una Eucaristía presidida por Santos Urías Ibañez, Delegado episcopal de Pastoral de la Zona Centro de la Archidiócesis de Madrid, para mantener viva la memoria, rezar y reafirmar el compromiso de no pasar nunca de largo ante quien sufre.
